Domingo 27 de enero de 2013 | Publicado en edición impresa
Música clásica
La chelista Alisa Weilerstein grabó
con Barenboim el Concierto Elgar, famoso por la versión de la esposa del
director
Por Daniel
Verdú | El País
La chelista y el director en plena ejecución de la obra. |
MADRID.- Es imposible escuchar el lamento
desgarrador del Concierto Elgar en Mi Menor y no imaginar a
una joven Jacqueline du Pré abordándolo. La pieza, compuesta al término de la
Primera Guerra Mundial por sir Edward Elgar, alcanzó un renovado esplendor
(quizá su máximo apogeo tras su desastroso estreno en 1919) con la soberbia
grabación de la británica, 45 años después. Casada con Daniel Barenboim, la
gran violonchelista sufrió una despiadada esclerosis múltiple que enterró su
fulgurante carrera cuando solo tenía 28 años y su vida a los 47. Igual que el
primer movimiento del Concierto Elgar, su figura evoca con el paso del tiempo
el recuerdo de una cruel y dolorosa pérdida. Por motivos fáciles de intuir,
Barenboim solo había vuelto a tocar esta obra una vez en 30 años: en 1997, con
Yo-Yo Ma. Pero eso fue hasta que conoció a Alisa Weilerstein, una joven
chelista norteamericana que entonces tenía 28 años, y que había crecido pegada
al mismo instrumento y memorizando aquella histórica grabación. "La
escuchaba dos veces por día desde que tenía 4 años hasta los 11. A esa edad
decidí dejar de hacerlo porque me tenía demasiado obsesionada. Es mi chelista
favorita y su grabación para mí es la Biblia. Sin embargo, llegué a un punto en
que quería formar mi interpretación individual", explica en un español muy
correcto que ha aprendido para poder comunicarse con la familia de su prometido
venezolano.
Weilerstein ha grabado con Barenboim y la
Staatskapelle de Berlín el Concierto Elgar y los conciertos para cello de
Elliot Carter. Es la primera vez que Decca ficha a un intérprete de violonchelo
en 30 años y, por supuesto, también que el director argentino-israelí vuelve
sobre los pasos del concierto, que su primera esposa convirtió en leyenda, a
través de una nueva grabación. "Nos conocimos por primera vez en 2008 y toqué
el concierto de Dvorák para él, solo para aprender un poco más. La persona que
me lo presentó (un director israelí) me dijo que debía mostrarle también el
Concierto Elgar. Me negué. Cualquier otra obra sí, pero ¡nunca Elgar. Para mí
Jacqueline du Pré es una diosa. Pero esta persona insistió. Me dijo que nadie
conoce la pieza como Barenboim. Lo pensé mucho y acepté."
Tocaron la obra. El maestro al piano. Terminaron,
hablaron y el director le pidió que volvieran a repetirlo. Esta vez, con la
Filarmónica de Berlín en el Concierto Europa. "Me quedé completamente en
shock." Un año más tarde, firmaron el acuerdo con Decca para la grabación.
Una rúbrica profundamente simbólica también por ese carácter de aprobación del
maestro a la heredera que incluía el momento.
Así, abordaron con más detenimiento una obra
plagada de emociones biográficas muy delicadas. ¿Complicado? Y ahí Weilerstein
se traba, suspira e intenta evitar el tema. "Es una, ... no, si... es
difícil hablar de esto. Es algo muy intenso." La conversación en torno al
Concierto Elgar se mantuvo siempre en el plano estrictamente musical.
Barenboim, como ya había hecho en su grabación con Du Pré, encauzó la
interpretación hacia un sonido más germánico que el de la histórica de John
Barbirolli con su difunta esposa para EMI en 1965. "Barenboim es muy
interesante y genial porque no pretende cambiar la naturaleza de un intérprete.
Después de estas sesiones soy una mejor versión de mí misma, pero sigo siendo
yo."
Pero Weilerstein no es solo eso. Ni tampoco lo
sería únicamente porque lo dijese Barenboim. También se pronunció sobre su
exuberancia musical el compositor Elliot Carter, fallecido a los 103 años hace
algo más de dos meses y a quien visitó el pasado julio. Quería mostrarle su
visión de sus conciertos para chelo (compuestos para Yo-Yo Ma hacía 10 años),
también incluidos en la grabación y que funcionan como el lado sarcástico,
incluso humorístico, de la trágica primera parte.
Quizá fue ésa la última entrevista que mantuvo
Carter antes de morir, porque la hilarante escena quedó grabada y puede verse
en la web de la artista. "Mi momento favorito del encuentro es cuando le
dije que iba a tocar para él. Me contestó que encantado, pero que no iba a
decirme nada porque no podía oír bien. Siete segundos más tarde ya me había
hecho parar para corregirme", recuerda con una carcajada.
Pero la juventud, opina la chelista, no es un
obstáculo para entender determinadas emociones que subyacen en algunas obras de
madurez."La música está viva, no hay interpretaciones definitivas. No creo
en eso para nada. Aunque espero seguir aprendiendo toda mi vida.".
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