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BLOG de Juan Yáñez dedicado a la música. Para entendernos mejor, hablemos musicalmente...

domingo, 23 de abril de 2017

Prokofiev, Sergei Sergeievich (1891-1953).


              En ocasión de cumplirse un nuevo aniversario del nacimiento de
Sergei Sergeievich Prokofiev, nuestro blog rinde un humilde homenaje al músico, quien merece recordarse como uno de los grandes de la música universal.

Fuente: http://www.mcnbiografias.com

Prokofiev, Sergei Sergeievich (1891-1953).
Compositor, director de orquesta y pianista soviético ruso, nacido el 23 de abril de 1891 en Sontzovka, muy cerca de Yekaterinoslav (hoy Dnipropetrovsk, Ucrania) y fallecido el 5 de marzo de 1953 en Moscú.
Recibió las primeras lecciones de piano de su madre y ya a los nueve años había compuesto una pequeña ópera en tres actos titulada Velikan (El Gigante). En 1902 comenzó a estudiar música de forma privada con el pianista y compositor Reinhold Glière, quien le enseñó teoría musical, composición, orquestación y piano. Dos años más tarde ingresó en el Conservatorio de San Petersburgo para estudiar con Anatoly Liadov, Rimski-Korsakov y Tcherepnin entre otros. Más tarde cursó estudios de formas musicales con Vitols y tuvo la oportunidad de conocer al también compositor Nicolai Miaskovski, con quien trabó una profunda amistad. En 1909 finalizó sus estudios de composición, pero siguió estudiando piano, ya que su intención era llegar a ser concertista de este instrumento. Sus profesores fueron Alexander Winkler y Anna Yesipova.
Durante sus años como estudiante escribió algunas composiciones que después formarían parte de su obra adulta, como la Sonata en Fa menor para piano de 1907, que después pasaría a ser su Primera Sonata op. 1; o su Sinfonietta en La mayor de 1909, que tras una revisión se convirtió en el op. 5.
Su primera aparición como concertista en Moscú tuvo lugar en 1910, en un concierto cuyo programa incluía su Sonata op. 1, entre otras obras. En esa época participó también en las veladas de música contemporánea que se celebraban en San Petersburgo. Allí pudo estrenar varias de sus piezas para piano, gracias a las cuales adquirió fama de innovador. También en la primera década del siglo XX, Prokofiev logró publicar su Sonata op. 1 y las Cuatro piezas op. 3 para piano con el editor Boris Jürgenson, si bien en lo sucesivo sus obras serían publicadas por Gutheil.
Tras el estallido de la Revolución Rusa, Prokofiev decidió trasladarse a los Estados Unidos de América, donde llegó en septiembre de 1918. Ese mismo año dio un recital de piano en Nueva York en el que interpretó sus propias obras. Prokofiev esperaba encontrar en América el gran éxito del que gozaban otros compositores e intérpretes rusos como Rachmaninov y, aunque no lo consiguió, sí que llegó a participar activamente en la vida musical norteamericana. Prueba de ello es el encargo que le hizo en 1919 el ensemble judio Simro para escribir la Obertura sobre temas hebreos op. 34 para clarinete, cuarteto de cuerda y piano, que se estrenó en Nueva York al año siguiente; así como el estreno de su ópera El amor de las tres naranjas (Chicago, 1921).
En 1922 se trasladó a una tranquila zona del sur de Alemania, no lejos del monasterio de Ettal. Allí comenzó a escribir El ángel de Fuego op. 37, ópera que no se estrenó completa hasta 1954, después de la muerte del compositor. En 1923 contrajo matrimonio con la cantante española Carolina Codina (1897-1989), cuyo nombre artístico era Lina Llubera. Ese mismo año, Prokofiev se trasladó a París junto con su esposa. Allí tuvo lugar el estreno absoluto de su Concierto para violín nº 1, con Koussevitzky al frente de la orquesta. El concierto fue duramente criticado por los compositores franceses del Grupo de los Seis. Mejores críticas obtuvo con obras como la Scythian Suite, estrenada en París al año siguiente, o la ópera El Jugador, cuya primera representación tuvo lugar en Bruselas en 1929.
Ya en 1927 se produjeron sus primeros acercamientos a la Unión Soviética tras realizar una gira de conciertos por varias ciudades como Leningrado, Kiev o Moscú. Asimismo, su ópera El amor de las tres naranjas empezaba a programarse con frecuencia en los escenarios soviéticos. Esta aproximación provocó su traslado definitivo a la Unión Soviética junto a su mujer e hijos en 1936, si bien continuó viajando al extranjero hasta 1938, fecha en la que le fue retirado su pasaporte. Durante la Segunda Guerra Mundial fue evacuado a Georgia y a Kazajstán, y regresó a Moscú en 1943.
En 1948 se acusó a Prokofiev y a otros músicos soviéticos de producir obras “de tendencias antidemocráticas”, y fue necesario que el compositor redactara una carta de autoinculpación frente a este hecho. Ese mismo año se produjo el arresto de su mujer Lina Llubera, a quien Prokofiev había dejado en 1941 para irse a vivir con la escritora Mira Mendelson. Llubera pasó ocho años en campos de trabajo y falleció en Londres en 1989.
A pesar de las presiones sufridas por el gobierno de su país, Prokofiev continuó componiendo obras como los ballets Romeo y Julieta, Cenicienta o La flor de piedra, además de escribir música para el cine. Famosa es su banda sonora para la película Alexander Nevsky (1938), de Sergei Eisenstein. Como reconocimiento a su obra musical, el gobierno de su país le concedió diversos galardones, entre los que se hallan el Premio del Estado (1943, dos veces en 1946, 1947 y 1951), Artista del Pueblo de la Federación de Rusia (1947) y el Premio Lenin (en 1957, a título póstumo). Su fallecimiento se produjo en Moscú el día 5 de marzo de 1953 (el mismo día que Stalin), durante los ensayos de su ballet La flor de piedra, que se estrenó un año más tarde.
Obra
Prokofiev bebió directamente de las fuentes de la tradición romántica rusa, si bien decidió llevarlas al extremo y, en cierta manera, caricaturizarlas. De ahí el nombre burlón de ciertas obras suyas como Sugerencia diabólica o Sarcasmos. Fue también en ocasiones un compositor tradicionalista de tendencias neoclásicas, aunque se unió al movimiento modernista de la segunda década del siglo XX.

Su Concierto para piano nº 1 de 1912 es su primera obra verdaderamente madura, en opinión del propio compositor. En él ya se dejan ver rasgos que posteriormente serían característicos de Prokofiev: la economía formal y de textura y un ritmo punzante y marcado. Su interés por mostrar una expresividad musical sencilla y melódica le hizo volver la mirada hacia las formas del clasicismo. Esto se deja ver sobre todo en su Sinfonía Clásica de 1917, que posee gran influencia del estilo musical de Haydn, además de estar compuesta para una plantilla orquestal reducida, propia de finales del siglo XVIII.
Durante el tiempo que residió en los Estados Unidos compuso algunas obras de gran importancia, como su ópera El amor de las tres naranjas op. 33, basada en la obra del mismo título de Carlo Gozzi. La ópera, compuesta en 1919, es un drama de argumento ruso pero de lenguaje musical cosmopolita, con algunos elementos que parodian la ópera tradicional. Los personajes, muy numerosos, proceden de cuentos de hadas y están vinculados a la tradición de la commedia dell'Arte italiana.
Su estancia en la capital francesa trajo consigo cambios en su estilo musical, que se volvió más disonante y complejo. Allí compuso obras como el Quinteto para viento y cuerda (1924) o su Segunda Sinfonía (1925).

A partir de su regreso a la Unión Soviética, y fruto de las presiones que sufría por parte del régimen comunista, su obra se volvió más sencilla, conservadora y popular, acorde con la ideología oficial del partido que requería una música adecuada para un público mayoritario. Un ejemplo de esta nueva tendencia se encuentra en su cuento musical Pedro y el lobo (1936), o en la suite orquestal El teniente Kijé, de 1934. Sus últimas óperas, como Semyon Kotko (1939) o Betrohal en un Monasterio (1941), no fueron estrenadas de inmediato debido a objeciones ideológicas. En cambio Guerra y Paz, basada en la novela de León Tolstoi, fue y sigue siendo una ópera muy bien acogida en los escenarios de todo el mundo

sábado, 23 de julio de 2016

El violin, Kyung-Wha Chung


Los grandes músicos y sus instrumentos.

Famosa en todo el mundo por sus cálidas y expresivas interpretaciones del repertorio clásico, Kyung-Wha Chung es una de las violinistas más respetadas de la actualidad. Hablamos con ella sobre su instrumento y nos descubre los secretos de su arte.

Entrevista

-Usted interpretó el concierto para violin de Mendelssohn en Seúl, su ciudad natal a los 9 años. ¿Tuvo que tener mucha perseverancia para tocar el violín siendo niña? 

No. Toqué el piano durante dos años y no me gustó. Pero los progresos con el violín fueron inmediatos; en tan solo dos semanas podía tocar todas las canciones que se me venían a la cabeza.
No fue una experiencia incómoda, sinó un encuentro maravilloso. Me encantaba tocar delante de la gente.

-¿Tuvo algún violinista de modelo?

No, porque en la Corea de los años cincuenta no podía ir a conciertos. Conseguí algunos dioscos de David Oistrakh, Jascha Heifetz y Fritz Kreisler. Soñaba con tocar tan bien algún día, pero nunca he querido ser como alguien. Me gustava tocar el violín, eso es todo. Uno de mis profesores producía un sonido maravilloso que si me inspiraba de verdad. Tocaba todo el repertorio para mi, y fue cuando me di cuenta de lo que se podía hacer con un violín. Pero cuando me fui a América para estudiar en la Julliard School de Nueva York me volví loca con Heifetz y con el CVuarteto Budapest tocando música de cámara.

-Tras años tocando, ¿ hay algo que le gustaría hacer?

 Bueno, he hecho tan poco… ¡El repertorio es tan amplio! Lo más seguro es que yo no sea una artista capaz de tener un repertorio tan amplio, ni un gran número de grabaciones, porque me cuesta años tener la confianza suficiente para entrar en un estudio para grabar una pieza. Tengo que estar convencida de lo que quiero expresar, por eso soy tan poco productiva en ese aspecto.  Pero siempre me sorprende que mis discos sean tan bien recibidos, porque para mi son como un parto muy doloroso. Ahora mi actitud no es tan drástica, pero prefiero poner toda mi energía en la música de cámara.

-Su primer disco, los conciertos de Tchaikovski y Sibelius, lo grabó con un Stradivarius, pero ahora toca con un Guarnieri. ¿Porqué ese cambio?

De repente me desacostumbré al sonido del Stradivarius, tan brillante y bello. Necesitaba algo completamente diferente. Mi profesor en Julliard Ivá Galamian, me dijo que se vendía un Gurnieri; lo probé durante media hora y desde entonces toco con él. Es fenomenal, tiene de todo; todavía estoy intentando descubrir  su sonido personal y su carácter, su inmensa variedad de expresión;  es más sensible, requiere mucha mano izquierda. Pero el ajuste y la nostalgia a los que me ido acostumbrando son increíbles.

-¿Qué importancia tiene el arco?

Mucha, pero hay que saber distinguir de uno bueno y uno malo. He utilizado un Adam durante 25 años, pero ahoro utilizo un Tourte, un arco hecho por el “Stradivarius del arco”, Francois Tourte, en 1875. Este lo utilizo para música de cámara y para Bach sin acompañamiento, porque produce un soni más ligero. La tensión es algo personal, algo que me cuesta dominar cuando viajo, la humedad de Inglaterra, por ejemplo, hace que el arco se extienda, de forma que tiene una tensión completamente distinta.  Es horrible llegar a una ciudad para un concierto y encontrarte que tienes el pelo demasiado suelto.

Nota de Barbara Hammond. Publicada en la revista  Audioclasica Nº 20 (1996)
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Datos sobre Kyung-Wha Chung

Nacida en Corea en 1948. Empezó a tocar a los siete años. Recibió clases particulares y, desde los trece años en la Julliard School de Nueva York. Tocó el concierto de Mendelssohn a los 9 años y debutó en Nueva York a los veinte. Su debut europeo con la Sinfónica de Londres, llegó dos años después. En 1972 el gobierno de Corea del Sur le concedió su más alta condecoración, la Medalla del Mérito Civil.

lunes, 4 de julio de 2016

Sinfónica Simón Bolívar reconocida embajadora de la transformación social


Génesis Acevedo  en Gente de mi pueblo, Noticias. 25.06.2016

                                        La Sinfónica Simón Bolívar se despidió de la Ciudad de México con un concierto al aire libre, que congregó a miles de personas que residen en una de las comunidades más desfavorecidas de la capital mexicana. La Explanada de Iztapalapa, situada en la Delegación de Iztacalco, sirvió de escenario para que los músicos venezolanos, bajo la dirección de Diego Matheuz, lograran el acto de magia que permite la música, cuando es tocada desde el corazón. Nuevamente los artistas fueron ovacionados y reconocidos como embajadores del mensaje de transformación social que el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela lleva alrededor del mundo.
Con gran entusiasmo, los asistentes buscaron sus asientos desde tempranas horas del pasado sábado 25 de junio, para disfrutar de la última actuación de esta orquesta pionera de El Sistema, que luego de más de 20 años, se reencontró con el público azteca entre conciertos y actividades educativas. Familias enteras, numerosas madres con sus niños y hasta personajes de las artes callejeras se acomodaron en las sillas dispuestas por la Secretaría de Cultura de Ciudad de México, para escuchar el repertorio, esencialmente latinoamericano, preparado para esta presentación al aire libre.
Los músicos fueron recibidos con mucha alegría. Algunos admiradores, que ya habían estado en los conciertos ofrecidos en el Auditorio Nacional (23 de junio) y en la Sala Silvestre Revueltas (24 de junio), decidieron seguirles el paso, y se trasladaron hasta el Este de la capital mexicana, para seguir escuchando las obras del programa de esta gira internacional. Algunos selfies y firmas de autógrafos precedieron la jornada musical, que se celebró a pesar de la lluvia que cayó sobre Iztapalapa.
Grand Fanfare, de Giancarlo Castro, abrió la ejecución. La métrica de esta composición calentó los ánimos rápidamente, dando paso a la interpretación de la Suite margariteña. Los refrescantes acordes de la obra de Inocente Carreño trajeron una nueva tanda de aplausos para la orquesta, que continuó del mismo modo con  la Suite de Ballet La estancia, de Alberto Ginastera, y Sensemayá, de Silvestre Revueltas. Estas dos últimas obras dejaron la mesa servida para los bises que, como ya es costumbre, el público recibe como parte del agradecimiento de los músicos venezolanos.
Nuevas emociones afloraron con la obra sinfónica de José Pablo Moncayo, Huapango, ante la cual los mexicanos dejan ver toda la dimensión de su identidad cultural, y con el popurrí Aires de Venezuela, de José Terencio Silva, con la que se agitaron de manera enérgica las banderas de nuestro país.
Una nueva ovación puso fin al concierto y dio paso a los reconocimientos oficiales de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México. Tras recibir rosas blancas de parte de un grupo de niños de Iztapalapa, los músicos de la SSB decidieron obsequiarlas a los espectadores, como un gesto al cariño y admiración recibida durante esta visita artística y educativa.
La presentación de la Sinfónica Simón Bolívar en la Ciudad de México forma parte de las actividades de proyección internacional y de la misión multiplicadora de transformación social del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, cuyo órgano rector es la Fundación Musical Simón Bolívar, adscrita al Ministerio del Poder Popular del Despacho de la Presidencia y Seguimiento de Gestión de Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela.
Puede seguir más detalles de esta y otras informaciones a través de nuestra página web: www.fundamusical.org.ve y nuestras redes sociales: @elsistema (Twitter) y @elsistema_ (Instagram)
Fuente Prensa FundaMusical Bolívar

lunes, 11 de abril de 2016

Juan Vicente Torrealba Sinfónico. Concierto realizado el 9 de abril de 2016 en San Juan de los Morros



                                                     El pasado sábado 9 de abril de 2016, nuestra ciudad capital, San Juan de los Morros se vistió de gala para recibir un músico de larga experiencia y exquisitas dotes en la música que más nos identifica como venezolanos en el mundo entero: La Música Llanera. Tal figura no es otra que el maestro Juan Vicente Torrealba, quien estuvo presente en un recital sinfónico de sus obras.
Tal acontecimiento se llevó a cabo en el Centro Cultural Simón Bolívar que sirvió de sala de homenaje a la celebración de los 99  años que cumplió el maestro el pasado mes de febrero, con un recital en su honor y reconocimiento.
El concierto fue interpretado por la Orquesta Sinfónica del Estado Guárico y dirigida por el maestro Luis Alberto Castro.
Todas la piezas ejecutadas estuvieron conformadas por obras de estricta composición para orquesta sinfónica que el maestro concibiera con este propósito desde hace largo tiempo.
La sala con un aforo completo disfrutó de piezas de una excelente interpretación por nuestros músicos guariqueños y la eficaz y exquisita dirección de un director, al que conocemos de otras presentaciones en esta misma sala.
Correcto será destacar los arreglos sinfónicos y orquestación a cargo de los maestros Juan Pablo Correa, Atilio Ferraro y Alvaro Granadillos, artífices de una labor de la mejor factura y resaltante sensibilidad musical.


El maestro Juan Vicente Torrealba presente durante el concierto
El repertorio contó con piezas de grata recordación como el “Concierto Romántico”, “La Potranca Zaina”, “Concierto en la Llanura”, “Indios en la Llanura”, “Cuatro Corazones” y muchas más. Se interpretaron 12  temas y se dio un bis que el publicó acompañó a la orquesta con sus voces; esta culminación del concierto correspondió a la pieza “Rosario”   
El maestro Torrealba estuvo presente durante totalidad del concierto al que concurrió en compañía de varios miembros de su familia.
Una excelente velada digna de ser presenciada y recordada. . Más de 300 temas avalan su carrera por cuanto se convirtió en Patrimonio Cultural de la Música Universal.




sábado, 19 de marzo de 2016

La Orquesta Sinfónica del Estado Guárico, Venezuela. Concierto del 18.03.2016



Juan Yáñez
                                           La música, el arte de mayor expresividad, que según los antiguos griegos provenían de  las musas, especie de diosas que inspiraban a los músicos y los poetas, se hizo nuevamente presente en el auditorio de la Asamblea Legislativa, el pasado viernes 18 de marzo de 2016,  de la mano de un director de excepción: el maestro Jesús Morín, acompañado por los músicos de la Orquesta Sinfónica del estado Guárico, Venezuela.

La pieza ejecutada fue igualmente de excepción…, nada más y nada menos que la 1ra. Sinfonía de Gustav Mahler, también  conocida como “Titán”, y una de las obras más exigentes y trascendentales del genial compositor austriaco.
Previamente a la ejecución el maestro Morín, explicó al publico presente, -que fue excepcionalmente numeroso en esta ocasión-, la naturaleza de esta especial obra. Para ello hizo ejecutar a la orquesta fragmentos de los diferentes movimientos y de manera amena y  didáctica explicó las diversas variaciones, el porqué de ellas y agregó las circunstancias emotivas de la composición que  en algunos pasajes muestran dolorosos sentimientos por   aflicciones familiares, que hubo el compositor de soportar. La citada sinfonía fue estrenada en1889 en Budapest, y llevó por nombre, “Poema Sinfónico en Dos Partes”’. A posteriori, Mahler continuó reelaborando la obra hasta que la estrena en Hamburgo en 1893, dándole el nombre de «Titán». A pesar de ello y no conforme aún, continuó  Mahler trabajando en su sinfonía, para llegar a su versión final que logra en 1896 y es interpretada tal como hoy se conoce y ejecutada en Berlín, ese mismo año.
Demás hasta decir que la interpretación fue de notable calidad y mostró el empeño y tesonero trabajo de director y músicos por lograr una excepcional excelencia.

Para finalizar felicitamos a los integrantes de la institución musical más prestigiosa de nuestro estado, por los bien ganados aplausos que todos merecen por igual, por el celo profesional, la responsabilidad, disciplina y amor que no escatiman, al lograr una calidad interpretativa  comparable a las mejores orquestas del mundo entero.

lunes, 22 de febrero de 2016

Lohengrin de Wagner en el Teatro Colón




Alejandro Villarreal  - Director de hagaselamusica.com   

Lunes, 22 de Febrero de 2016


                                                       Imponente puesta de la ópera de Richard Wagner en el Teatro Colón. Lohengrin es el sexto título de la presente temporada lírica en el máximo coliseo de este lado del mundo y como tal no pasó en absoluto desapercibido. Puede ser por su director de escena, Roberto Oswald, quién sorprendió con una cuidada creación llena de simbolismos y una colosal presencia de la iluminación. O por una Orquesta que sonó de manera ajustada de principio a fin en manos del director Ira Levin, logrando por momentos un juego de sonidos en el que los músicos se mudaron, cada vez que fue necesario, del foso a detrás de escena o a los palcos. Brillante creación de Levin con sus músicos para un Lohengrin que dejó mucho más de lo hasta acá expuesto.
El barítono James Johnson fue, por confirmadas percepciones, el mejor intérprete de este "Lohengrin" que tuvo en general varios desaciertos en la interpretación de sus voces. Johnson llevó adelante el personaje de Friedrich de Telramund, un ser noble y honesto que a la sombra de su esposa queda inmerso en la  desgracia, la mentira y la deshonra. El "Telramund" de Johnson es brillante, una voz impecable con una emisión importante y sin altibajos. Es que Johnson es un experimentado intérprete que deslumbra desde hace años en las principales salas líricas del mundo. Un gran cantante y actor, el resultado es claro: un vasto artista profesional dentro de un mundo donde la perfección es el objetivo. Johnson fue la estrella de este "Lohenhgrin" que deja claras deudas en el rol de los cantantes si tenemos en cuenta que Friedrich de Telramund es el tercer papel en orden de prioridad de la obra.

La mezzosoprano Janina Baechle en la piel de Ortrude, esposa de Telramund, llevó adelante su interpretación con deslealtades en la emisión de su voz, cuenta con un buen timbre y volumen considerable pero su tesitura no es estable y a raíz de esto su interpretación fue incontrolable y poco armoniosa. Su caracterización de la hechicera es muy buena pero no fue suficiente en un espacio en el que por sobre todo importa el canto. Una vez  finalizada la obra Janina Baechle no salió al escenario a saludar dejándonos a los presentes la inquietud de “por qué”, si fue por algún motivo personal o para evitar el abucheo del público. Si fuera por esta rechazable práctica pregunto: ¿Quién está en condiciones de abuchear a alguien? Existen ovaciones, aplausos e indiferencia a la hora de premiar a un artista, pero abuchear es como mínimo un signo de mala educación. Dicha devolución no debería existir en un contexto infinitamente valioso como el del arte.

Continuando con los intérpretes de la ópera es justo destacar a un "tímido" Richard Crawley que fue fortaleciendo su presencia vocal a medida que se sucedían los actos. Crawley, quien carece de un volumen considerable, fue de menor a mayor dejándonos muy complacidos con su interpretación de "Lohengrin" que mereció una importante ovación en el final. Su voz, de buen timbre y vibrato igualado en el tercer acto, fue una demostración de importante madurez vocal. Por su parte la soprano danesa Ann Petersen cumplió de muy buena manera el rol de Elsa de Brabante por poseer una importante voz aunque lamentablemente no se conjuga con una buena y constante emisión. Debo decir que su caracterización de Elsa de Brabante me hacía ver en escena a la grandiosa Joan Sutherland ya que su parecido físico era notable. Por momentos me dejaba llevar por su voz y su imagen y era como estar asistiendo a la increíble presencia de la tan recordada diva.

Lohengrin narra la historia de un caballero del Grial e hijo de Parzival que viaja al reino de Brabante a orillas del Escalda, reino de Heinrich I, para defender a la princesa Elsa quien fue acusada por la hechicera Ortrud y su marido Telramund de un crimen que no cometió. Estos personajes protagonizan la historia de Lohengrin de Wagner. El papel de Heinrich I lo llevó adelante el bajo Kurt Rydl quién descolló en su interpretación. Su voz flexible de bajo ligero le da brillo a un personaje justo y noble.

Hay que destacar de la obra en general al dúo de Ortrude y Telramund en el comienzo del segundo acto "Erhebe dich, Genossin meiner Schmach!", donde el barítono James Johnson y la mezzosoprano Janina Baechle se lucen en un contexto oscuro y perverso muy bien delineado por Roberto Oswald. También es de destacar el dúo de Elsa con Lohengrin del tercer acto "Atmest du nicht mir die süssen Düfte", con brillantes exposiciones del tenor Richard Crawley y la soprano danesa Ann Petersen. Una mención especial merecen los fragmentos corales, muy presentes en esta obra y a los que Wagner les da un carácter de jurado constante de la acción, de lo que sucede en escena, haciéndolos partícipes de las decisiones. El Coro Estable del Teatro Colón bajo la dirección del maestro Peter Burian no dejo lugar a dudas, fue una eximia e imponente presencia vocal!

Decía que Lohengrin en el teatro Colón no pasó para nada desapercibido y como principal motivo mencioné la puesta en escena de Roberto Oswald. El experimentado reggie quiso con esta nueva puesta de Lohengrin (quinta en su haber de esta obra) llevar a escena una propuesta basada en los símbolos de Lohengrin y su leyenda. Una puesta sencilla que nos da espacio para crear nuestra propia idea de la leyenda del caballero del Grial. “Una presentación minimalista” según su autor que para mí dejó mucho más que el simbolismo y el surrealismo de la idea, dejó la firme sensación de que Lohengrin puede vivir en algún lugar al que todos podemos acceder y a su vez dejarnos llevar al surrealismo de un ser de luz que asiste a la humanidad en pos de un mundo mejor hasta que la realidad se encarga de despedirlo con su crudeza y sádica visión de lo palpable. Nada existe si no lo vemos.

Lohengrin de Wagner fue el sexto título de la presente temporada del Teatro Colón y no pasó desapercibido, tuvo momentos muy buenos y otros no tanto... ¿Acaso no se trata de una obra de Wagner? Un compositor y hombre que nunca resultó inadvertido en vida y no solo por ser un genio de la música. Después de todo, de eso se trata la existencia.


Alejandro Villarreal  - Director de hagaselamusica.com

sábado, 30 de enero de 2016

Orquesta Sinfónica de Guárico rinde homenaje a Antonio Estévez



Publicado por Prensa FundaMusical Bolívar.

El concierto de los músicos de la Orquesta Sinfónica del estado Guárico (OSEG) será propicio para que el público asistente pueda disfrutar del Concierto para Orquesta, compuesto en el año 1949 por el maestro Estévez, músico homenajeado este año por celebrarse el centenario de su nacimiento.

Este viernes 29 de enero, los músicos de la Orquesta Sinfónica del Estado Guárico (OSEG) se vestirán de gala para brindar un magistral concierto destinado a conmemorar el centenario del nacimiento de uno de los compositores y directores de orquestas de mayor referencia del país, el maestro Antonio Estévez, quien nació el 3 de enero de 1916 en la ciudad de Calabozo, al oeste de la extensa geografía llanera.

La actividad se desarrollará en las instalaciones del Consejo Legislativo de Guárico a las 4:00pm, cuando el talento sinfónico de la entidad salga al escenario bajo la batuta del director invitado, Jesús Briceño Marín, perteneciente al Sistema Nacional de Orquestas y Coros  Juveniles e Infantiles de Venezuela, quien ha trabajado junto a los músicos con el fin de regalarle al público guariqueño un extraordinario concierto.

La presentación enmarcada en los 100 años del nacimiento del reconocido maestro calaboceño, dará inicio con la interpretación de la Suite Nº 1 para Orquesta de Cámara, de Igor Stravinsky, uno de los compositores que despertó gran admiración por parte de Estévez. Luego, el flautista Michel Cabrera, proveniente de San Juan de Los Morros, interpretará el Concierto para Flauta y Orquesta en Re Mayor, compuesta en el año 1908 por el compositor Carl Reinecke.

Finalmente, la Orquesta Sinfónica hará gala de sus cualidades y su extraordinario trabajo musical, con el Concierto para Orquesta, escrita en el año 1949 por el maestro Estévez.

Este concierto realizado en el marco del centenario del nacimiento de Antonio Estévez, forman parte del trabajo que realiza el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, cuyo órgano rector es la Fundación Musical Simón Bolívar, adscrita al Ministerio para el Poder Popular del Despacho de la Presidencia y Seguimiento de Gestión de Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela.


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